El vallenato está de luto. En los últimos días, se conoció el fallecimiento de Guillo Cepeda, cantante recordado por su voz cargada de sentimiento y por interpretar clásicos que dejaron huella en la historia del folclor. En Vallenato FM, la emisora del vallenato, recordamos su vida y su aporte a la música.
Guillo Cepeda se ganó un lugar especial en el corazón de los vallenateros debido a su estilo interpretativo, que estaba marcado por la melancolía y la sinceridad. El cantante poseía una forma muy singular de transmitir el dolor y el amor en cada canción, por lo que, su voz convirtió varias de sus interpretaciones en referentes del vallenato romántico.
Entre sus canciones más recordadas se encuentran “Aún Solo” y “Pecado del alma”, temas que con el paso de los años se transformaron en clásicos. Estas obras consolidaron a Guillo Cepeda como un intérprete que cantaba desde la experiencia, conectando de manera sentimental con el público.
A lo largo de su carrera, grabó canciones con Fernando Oviedo, sobrino de Emilio Oviedo, sin embargo, fue hasta que se presentó en Discos Fuentes con sus propias grabaciones en casete que se reconoció su timbre icónico de voz. Así nace Sentimiento Vallenato, un grupo enfocado en el romanticismo.
De la mano de ellos, vive sus mejores épocas a finales del siglo XX. Especialmente, sus composiciones que fueron grabadas por grandes artistas del género. Desde que se mudó a Estados Unidos en 1991, ha estado enfocado en su profesión y en su carrera artística destacándose por sus trabajos musicales.
La noticia de su fallecimiento, se conoció el día 12 de diciembre de 2025 en EE.UU y ha generado múltiples mensajes de despedida en redes sociales, donde colegas y seguidores han resaltado su legado y la importancia de su voz en una etapa del género donde el sentimiento era protagonista.
Guillo Cepeda se va físicamente, pero su canto queda intacto en la memoria del vallenato. Sus canciones continúan sonando como testimonio de una época donde la voz era el puente directo entre el alma del intérprete y el corazón del oyente.
