Los inicios de Jorge Oñate: El nacimiento del “Jilguero de América” y la revolución del canto 

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La historia del vallenato cambió para siempre a finales de la década de los 60. En Vallenato FM, la emisora del vallenato, recordamos los inicios de Jorge Oñate rompió los esquemas de la época, donde el acordeonero era quien cantaba, para darle paso a la figura del “cantante líder”.  

Su camino hacia la gloria comenzó en 1968 con el lanzamiento del álbum Festival Vallenato junto a la agrupación Los Guatapurí, marcando el primer paso de una leyenda que apenas empezaba a escribir su nombre en letras de oro. 

El despegue: De Los Guatapurí a Nelson Díaz 

Tras ese debut, el joven Oñate no tardó en demostrar su ambición artística. Un año más tarde, en 1969, unió su talento al del acordeonista Nelson Díaz para presentar su segundo LP titulado “Conmigo es el baile”. Aunque estos trabajos mostraron su potencial, el destino le tenía preparada una alianza que consolidaría el vallenato moderno y lo elevaría a los altares del folclor nacional. 

La era dorada con Los Hermanos López 

El punto definitivo llegó cuando Oñate se unió a los ya reconocidos Hermanos López. Bajo el liderazgo de Miguel López en el acordeón (quien se coronaría Rey Vallenato en 1972) y Pablo López en la caja, conformaron una maquinaria musical perfecta. Su primer álbum juntos, “Lo Último en Vallenatos”, regaló a la historia clásicos como “Berta Caldera”, “Recuerdos” y “Vámonos Compañera”, estableciendo un nuevo estándar sonoro para el género. 

Para el año 1970, la unión ya era imparable. Lanzaron el álbum “Diosa Divina”, un trabajo impecable que contenía temas fundamentales como “Dina López”, “Gratitud” y “Amor de Callejera“. En este disco, la voz de Oñate se escuchaba más madura y melódica, ganándose el cariño de un pueblo que empezaba a llamarlo “El Jilguero”. 

Estos primeros años no solo definieron la carrera de Jorge Oñate, sino que establecieron la estructura de los conjuntos vallenatos tal como los conocemos hoy. El legado que comenzó en 1968 con un sueño y un micrófono sigue resonando en cada rincón de la provincia, recordándonos que antes de Oñate, el vallenato se escuchaba, pero con él, el vallenato aprendió a cantar. 

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