El vallenato atraviesa una transformación innegable que va mucho más allá de la eterna disputa entre lo clásico y lo moderno. En Vallenato FM, la emisora del vallenato, analizamos una percepción que crece entre los seguidores del folclor: la idea de que muchos artistas actuales parecen consolidarse más por sus potentes estrategias publicitarias que por la profundidad de sus composiciones o su maestría interpretativa.
El cambio en las reglas del juego
Es fundamental entender que la industria ya no funciona como hace tres décadas. Antiguamente, el éxito de una canción se cocinaba a fuego lento en la radio y se validaba en las presentaciones en vivo gracias a su letra o interpretación. Hoy, la música habita en un ecosistema digital inmediato donde la competencia es feroz y la visibilidad está dictada por el streaming, las redes sociales y las tácticas de posicionamiento.
El marketing como motor, pero no como esencia
De esta forma, es necesario entender que el marketing no debe verse como un sustituto del talento, sino como un factor determinante para el alcance. Factores como la construcción de imagen, las colaboraciones estratégicas y la viralidad en plataformas digitales suelen ser el primer punto de contacto entre el público y el artista.
Sin embargo, existe una distinción vital y es que el marketing impulsa la exposición inmediata, pero no asegura la permanencia en el tiempo, trayendo como consecuencia plataformas actuales que premian fragmentos cortos y coros pegajosos, lo que moldea cómo se diseñan muchos proyectos musicales hoy en día.
En busca del equilibrio perfecto
Más que decir que los artistas funcionan “solo por marketing”, lo justo es reconocer que el éxito moderno es una combinación de propuesta musical y estrategia de visibilidad. El gran reto para el vallenato, un género con raíces tan profundas es utilizar estas herramientas tecnológicas sin permitir que la esencia —la fuerza de la narrativa, la emoción vocal y el virtuosismo instrumental— pase a un segundo plano.
Aunque el marketing ha cobrado un protagonismo sin precedentes, la verdadera inmortalidad de una obra sigue dependiendo de lo que siempre ha hecho grande a nuestro folclor: la capacidad de conmover y contar historias que lleguen al alma de quien escucha. El equilibrio entre la calidad y la difusión es la clave para que el vallenato siga conquistando nuevas generaciones sin perder su identidad.
