A lo largo de su carrera, Carlos Vives ha enfrentado una crítica constante de los sectores más puristas del folclor que aseguran que el artista se alejó de sus raíces para volverse “rockero”. La canción “Hijo del Vallenato” no es solo un tema musical, es la respuesta oficial, poética y contundente del samario a quienes cuestionan su identidad. Vallenato FM, la emisora del vallenato, habla sobre la historia detrás de esta canción.
La defensa de una identidad: “El Rock de mi Pueblo”
Con respecto a la letra, Vives comienza reconociendo el sentir de sus amigos de “allá por esas tierras” (el Valle y la Provincia) que se sienten resentidos por su evolución sonora. Sin embargo, el artista utiliza una frase clave para definir su género: “El rock de mi pueblo”.
De esta manera, Carlos explica que su música no es una traición, sino una extensión. Al afirmar que su rock “cuenta con orgullo que es hijo del Vallenato”, establece una jerarquía clara: el vallenato es el padre, la base y el sentimiento, mientras que los nuevos sonidos son simplemente el lenguaje con el que ese sentimiento viaja por el mundo.
Desmintiendo rumores: La unión con Egidio Cuadrado
La canción aborda rumores específicos que circulaban en la época: su supuesta mudanza definitiva a Miami y el abandono de su acordeonero de toda la vida. Vives es enfático al corregir a sus amigos: su propuesta sigue siendo “fonsequera”, ligada a la tierra de Egidio, y su compromiso con la historia de su pueblo es innegable.
El reconocimiento internacional vs. el local
Uno de los puntos más interesantes del análisis es la visión global que ofrece la letra. Vives reta a sus críticos sugiriendo que, mientras en la provincia dudan de él, en lugares como España no hay duda alguna: “Es el rey del Vallenato”. Con esto, subraya que él ha sido el embajador que llevó el nombre del género a escenarios donde antes no llegaba.
El retorno a la leyenda
Al final, la canción cierra con un viaje geográfico y espiritual. Vives promete volver “del Valle a la Provincia de Padilla” y seguir los pasos de Francisco el Hombre. Es una reafirmación de que, sin importar cuánto experimente con otros ritmos, su brújula siempre marca hacia el norte del Caribe colombiano.
