Hoy 9 de febrero de 2026, el mundo del vallenato se detiene para conmemorar el nacimiento de una leyenda: Alejandro Durán Díaz. Nacido en El Paso, Cesar, en 1919, “Alejo” no solo fue un músico; fue el arquitecto del sonido narrativo que hoy define nuestro folclor.
En Vallenato FM, la emisora del vallenato, celebramos la vida del hombre cuya voz ronca y acordeón pausado conquistaron el primer festival de la historia.
El despertar de un talento tardío
La historia de Alejo es una de madurez y destino. Aunque creció en un ambiente musical siendo hijo de Náfer Donato Durán y Juana Francisca Díaz, fue solo hasta los 24 años cuando decidió sacar el viejo acordeón de su tío Octavio de un baúl. Influenciado por el tono de las tamboras que cantaba su madre, Alejo adaptó el instrumento a su voz grave y profunda, creando un estilo único e inconfundible.
Antes de ser la estrella de los escenarios, Alejo fue un hombre de campo. A los 23 años trabajó como ayudante de vaquería en las fincas del Magdalena Grande, una experiencia que nutrió sus letras cargadas de crónicas y paisajes. Bajo la tutela de maestros como “El Negro Mendo” y Víctor Julio Silva, perfeccionó un arte que lo llevaría a lo más alto.
Un hito histórico: El primer Rey Vallenato
Después de varios años, en 1968, Alejandro Durán inscribió su nombre en letras de oro al convertirse en el primer Rey del Festival de la Leyenda Vallenata. Su paso por el festival no solo fue técnico, sino una cátedra de sentimiento.
Además, junto a sus hermanos Náfer y Luis Felipe, formó el célebre conjunto “Los Tres Duranes”, con quienes grabó su primer disco en Barranquilla, marcando el inicio de una era dorada para el sello regional.
La honestidad de un grande: El Rey de Reyes de 1987
Pese a ese triunfo, no logró convertirse en el Rey de Reyes, pero su grandeza quedó grabada en la memoria de las personas gracias a su integridad, ya que durante el primer concurso Rey de Reyes en 1987, que reunía a los mejores acordeoneros de la historia, Alejo protagonizó uno de los momentos más recordados.
Alejo cometió un pequeño error en su pase y se retiró voluntariamente de la competencia con la famosa frase: “Pueblo, me he derrotado yo mismo”. Esa honestidad lo elevó a un nivel de respeto que pocos artistas alcanzan.
Por eso, este día recordamos a Alejo Durán como el juglar que le dio dignidad al acordeón. Sus canciones siguen siendo el manual de estudio para las nuevas generaciones. ¡Feliz cumpleaños en el cielo, Negro Grande!
