La música vallenata se encuentra en medio de un intenso debate tras las declaraciones de uno de sus compositores más líricos. En Vallenato FM, la emisora del vallenato, registramos la polémica surgida luego de que el maestro Gustavo Gutiérrez, en una conversación con el acordeonero “Cocha” Molina, definiera a quienes, según su criterio, son las tres voces más grandes en la historia del género. La omisión de un nombre fundamental provocó la reacción inmediata de uno de los fundadores del Binomio de Oro.
La terna de la discordia: Oñate, Diomedes y Poncho
El maestro Gustavo Gutiérrez enfatizó que el podio de la excelencia vocal lo ocupan Jorge Oñate, Diomedes Díaz y Poncho Zuleta. Durante la charla, Gutiérrez fue contundente al calificar a Oñate como “el papá” de los cantantes, mientras que el “Cocha” Molina respaldó la opinión destacando la afinación, rapidez y vocalización del “Jilguero de América” en las parrandas. Asimismo, el compositor aclaró que, aunque Oñate lidera en técnica, Diomedes Díaz se consagra como la figura de mayor relevancia en la historia del folclor.
El reclamo del “Pollo Irra” por Rafael Orozco
Esta selección no fue bien recibida por Israel Romero, quien no ocultó su descontento ante la exclusión de su eterno compañero, Rafael Orozco. A través de un comentario en redes sociales, el líder del Binomio de Oro cuestionó directamente al maestro: “¿Ah OK TAVO, ENTONCES RAFAEL OROZCO NO EXISTIÓ?”. Romero señaló que ignorar el legado y la calidad de Orozco es “faltar a la verdad” y sugirió que tales afirmaciones deberían presentarse estrictamente como una opinión subjetiva y no como una realidad absoluta del género.
La discusión pone sobre la mesa el eterno dilema de la objetividad en la música. Mientras unos defienden la técnica pura de los juglares tradicionales, otros como Israel Romero abogan por el reconocimiento del impacto, la evolución y la huella imborrable que dejaron voces que internacionalizaron el vallenato.
¿Es posible hablar de los mejores de la historia sin mencionar a Rafael Orozco? La polémica sigue abierta y demuestra que el vallenato, más que música, es un sentimiento que despierta pasiones inagotables.
