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Una brisa femenina multiétnica refresca a ‘Francisco el Hombre’

Identidad, autorreconocimiento, salvaguardia de tradiciones, empoderamiento femenino, integración étnica, promoción cultural e inspiración para seguir los sueños es el resumen del conversatorio cantado ‘El vallenato en lenguas nativas arhuaca, kamsa, kankuama y wayuu’, que se desarrolló ayer en el Centro Cultural de Riohacha, en el marco del Festival Francisco el Hombre y que se enmarca en la conmemoración del Año Internacional de las lenguas Indígenas, declarado por la Unesco.

Un auditorio repleto atendió con embeleso el relato de Ati Gunnara Jamioy Izquierdo sobre su conexión con la juglaría vallenata que muestra cómo los mensajes se llevaban a través de cantos, y sus propios procesos de traducción de canciones a su lengua. “En este cambio generacional, cuando yo voy a traducir esta canción, yo no sabía qué era un Mejoral, entonces  pregunté: abuela ¿cómo digo Mejoral en Ika? y me dijo: Un Mejoral es algo que se toman cada vez que les duele algo, como un Dólex o un acetaminofén. Y dije yo, pero ¿cómo un Dólex o un acetaminofén van a curar un mal de amor?”. Y seguidamente unió su voz y su acordeón para mostrar cómo suena Rafael Escalona en lengua Ika, acentuando la fascinación de los presentes.
Foto: Mariarut Mosquera

Ati es una estudiante de lingüística conectada a dos etnias: los Kamëntsá del Valle del Sibundoy -Putumayo, por parte de padre, y los Ika o arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta, por parte de madre. Ella representa el vallenato étnico en diversas partes del mundo, con capítulos dentro y fuera de las fronteras, con artistas y personajes reconocidos como Carlos Vives y Andrés ‘El Turco’ Gil, entre otros.

De Ika se dio paso al wayuunaiki, con Iris Curvelo, de la casta Uriana de la Alta Guajira, que llenó el auditorio con su canto y su relato: “Se oye un grito en el desierto, de oye una voz apagada”, con su saludo en su lengua, con la interpretación de la turrompa, que es el instrumento tradicional wayuu, con su historia de vida y de sueños realizados, con su ejemplo a seguir siempre adelante, a defender la tradición bebida de los ancestros. “Tener la posibilidad de fusionar los dos elementos culturales más importantes que tiene La Guajira, que son la música vallenata y la cultura wayuu, me llena de orgullo y me invita todos los días a esforzarme por llevar mi música a todas partes”.

Iris, creadora, cantante y líder de la agrupación vallenata femenina étnica Son Wayuu, es una promotora cultural en Uribia y desde ahí para el mundo, ganadora del Festival Indio Tayrona y galardonada con el premio internacional Enfoque por sus aportes a la cultura y la música vallenata.

Cuando llegó el turno para la etnia kankuama fue la ocasión para conocer que Atánquez y en general todo el territorio kankuamo, en la Sierra Nevada, no es ajeno a las dinámicas de pérdida de identidad lingüística, como sucede con las otras 64 lenguas indígenas que existen en el país, donde se adelantan tareas de salvaguardia de las mismas, estando unas comunidades más fortalecidas que otras en estos procesos. “La tradición kankuama se ha ido perdiendo; quedan pocos hablantes de la lengua, pero hay procesos por la pervivencia”, dijo Wendy Corzo, y a continuación invitó a músicos tradicionales para mostrar la conexión del chicote, la gaita y el vallenato, para mostrar que estas músicas, como las etnias ahí presentes, son hermanos interdependientes que se deben cariño y cuidado los unos a los otros.

Wendy Corzo es reina del Encuentro Vallenato Femenino – Evafe 2017, virreina nacional del folclor y ganadora del Congo de Oro del Carnaval de Barranquilla  el mismo año. Avanza en la consolidación para convertirse en una juglaresa, entendida como aquella persona que toca el acordeón, compone y canta.

De la Sierra Nevada llegó Wendy Corzo, acompañada por músicos tradicionales de la etnia kankuama para mostrar la conexión del chicote, la gaita y el vallenato. Foto Mariaruth Mosquera.

¿Cómo hace una mujer indígena, sujeta a la tradición ancestral, para ser madre de tres hijos, estudiante de pedagogía infantil en la universidad, acordeonera y soñadora al mismo tiempo? La respuesta es Indira Fernández, una maicaera, descendiente wayuu, integrante de Son Wayuu. Ella es ejemplo de que no hay techo para los sueños: “Mi mamá me ha enseñado a luchar siempre por mis sueños”, recalcó. Aprendió a tocar acordeón con un instrumento que le habían comprado a su hermano; mientras su padre le daba instrucciones a su hermano, ella bebía el conocimiento a corta distancia; por eso un día en que hubo una inundación y el instrumento estaba mojado, ella lo agarró y empezó a sacarle melodías, mientras pensaba que “en La Guajira no hay mujeres que toquen acordeón y que canten”. Ya después nadie pudo detenerla en su pasión musical.

Indira llegó a esta hermandad de mujeres artistas en el año 2016, cuando  un tío le envió la invitación para asistir al Evafe, donde conoció a las que hoy son sus amigas y la apoyan para surgir en el arte musical. Al momento de su interpretación en el conversatorio, invitó a la niña Narela Carrillo, quien saludó y cantó en su nativo wayuunaiki, mostrando el efecto de los trabajos de conservación de la lengua, mediante el empoderamiento de los niños.

Por la dignificación del arte femenino

Estos encuentros de vallenato étnico femenino son una iniciativa que viene desarrollando hace ya varios capítulos la Fundación Decuplum, liderada por los esposos Hernando Riaño y Sandra Arregocés, quien ayer se conmovió hasta las lágrimas al ser testigo otra vez del efecto positivo que ha tenido el arduo trabajo de juntarlas para estas mujeres. Por su parte, Riaño destacaba con énfasis que “es una joya cultural que una mujer toque acordeón y si además sea indígena o afro es más especial, y si sumado a eso canta en su lengua nativa es algo hermoso, como para enmarcar” y les reiteraba que “ustedes son una industria personal que tiene todas las posibilidades de triunfar”. El llamado de este líder fue a los presentes para que valoren el arte y el esfuerzo de ellas, que las contraten y les paguen, como su talento lo merece.

Aquí está la reina

El mar y la luna fueron testigos de la noche en que una mujer acordeonera y cantante, afrodescendiente, oriunda de Medellín y criada en Turbo, Antioquia, se ganó el título de Mejor Acordeonera Juvenil en el Festival Francisco el Hombre. Lady Salgado, con 17 años y 27 títulos de festivales ganados en tres años, es la primera mujer que logra entrar a la galería de ganadores de este certamen, que celebra su versión número once. Ella fue la representación afrodescendiente del conversatorio cantado, en el que compartió con las que considera su familia.

Lady Salgado escribió un nuevo capítulo en la historia del Festival Francisco el Hombre, al ser la primera mujer que ingresa a la galería de ganadores, en la categoría de Mejor Acordeón Juvenil. Foto Marcelo Ortega.

Lady es un ejemplo de autorreconocimiento, de identidad y orgullo raizal. Cuando Hernando Riaño Baute, líder del Evafe, la invitó a ser la representación afro, no le llamó la atención la idea porque “yo soy afro, pero no me sentía de esa manera. Yo dije: -Nooo, qué pereza ¿cómo así? Entonces aprendí a amar esta etnia y me siento orgullosa de estar representándola. Es una etnia que ha sido muy maltratada desde hace mucho tiempo y que ahora se ve el resultado del racismo y muchas cosas negativas, y que mujeres como nosotras estamos luchando para que se acabe eso; que haya una representante que pueda romper todos esos esquemas y eso es lo que estamos tratando de hacer”.

Y a nadie le quedó dudas de que ella ha entrado al universo del vallenato femenino a escribir una nueva historia, pues en tan solo tres años ya se ha alzado con 27 títulos en festivales, entre ellos el Evafe. “La conocí por televisión, haciendo en un realitty con su familia (Factor F) y dije: esta muchachita tengo que invitarla al Evafe”, narró Riaño Baute. Fue así como el nombre de Lady quedó escrito en la historia de este certamen como la primera ganadora, en 2016.

A la final del Francisco el Hombre Juvenil llegó compitiendo con otras cinco agrupaciones: Juan José Blanco con Alejandro Cantillo, Haffit Arregoces con Jesús Negrete, Simón Figueroa con Juan Camilo Romero, Revolución Femenina y  Renovación Vallenata; pero en el escenario marcó la diferencia, al ser la única acordeonera que cantó sus canciones, además de la gran seguridad que desplegó en su presentación.

Simón Figueroa ganó el premio a Mejor Cantante Juvenil y también Mejor Agrupación, acompañado por su acordeonero Juan Camilo. Foto Suministrada Marcelo Ortega.

Los otros ganadores de este concurso fueron Simón Figueroa, quien se alzó con el premio a Mejor Cantante Juvenil y acompañado por su acordeonero Juan Camilo Romero ganó también como Mejor Agrupación Juvenil. También se premió la categoría Mejor canción inédita en el concurso de mayores, resultado ganadores ‘La Tropa del Swing’ integrada por Jorge Mario Acuña y Camilo Quintero, con la canción ‘Penumbras de luna’, de la autoría de Martín Calderón.

En busca de Francisco el Hombre

Bien avanzado está el conteo regresivo hacia el encuentro del ‘Francisco el Hombre 2019’, que recibirá de Jesu Romero la posta como embajador del juglar trotamundo. Seis agrupaciones llegaron a la segunda ronda para disputar en tarima su continuidad en el concurso. Estas agrupaciones fueron: La tropa del swing, el Grupo La Martina, Juancho Fuentes con Camilo Mugno, Organización Musical Contundentes, Los hijos de Matilde y Diego Lozano con Chelo Ramírez.

El premio a Mejor canción inédita se lo llevó ‘La Tropa del Swing’ integrada por Jorge Mario Acuña y Camilo Quintero, con la canción ‘Penumbras de luna’, de la autoría de Martín Calderón. Foto: Instagram Camilo Quintero.

La gran final del festival, que tendrá lugar la noche de este domingo, será transmitida por el canal regional Telecaribe. El concierto de cierre del certamen estará a cargo del ganador del año pasado, Jesu Romero con el acordeón de Arturo Lanao; Silvestre Dangond, quien llega a Riohacha con su tour ‘Esto es vida’, y Poncho Zuleta acompañado en el  acordeón por Gonzalo ‘El Cocha’ Molina.

Por Mariaruth Mosquera

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